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La ciencia de los masajes

como-dar-masajesEsta semana, debido a lo interesante, bien escrito y completo que está el artículo de Marian Benito para la revista QUO en su versión digital, nos hemos permitido reproducir parte de dicho artículo. En él, Marian Benito nos desgrana las bienaventuranzas de los masajes fisioterapeúticos, siempre y cuando sean dados por profesionales cualificados. Y este recorrido lo hace a través de una prosa ágil, llena de simbolismos y datos científicos. Desde Massalud os animamos a leerlo!.

AUTORA: Marian Benito

Verdaderamente son pocos los que saben de la existencia de un pequeño cerebro en cada uno de los dedos de la mano, en algún lugar entre falange, falangina y falangeta.” El profesor Tomás Gallego Izquierdo y el resto de los miembros del Departamento de Fisioterapia de la Universidad de Alcalá saben a qué se refiere José Saramago con estas palabras de La Caverna. Este pequeño cerebro es el que reclaman el cuello, la columna, los hombros, los omóplatos, los muslos y los gemelos cuando se contracturan; es decir, cuando sufren un repentino encogimiento persistente, involuntario y molesto.

Es entonces cuando las manos del fisioterapeuta recorren el músculo hasta dar con el nudo, normalmente una diminuta protuberancia bajo la piel, que al presionar provoca un ruido apenas perceptible, como un “crack”. Mientras, las manos van hablando. “Su lenguaje es el gesto terapéutico, gesto preciso, seguro, siguiendo unas pautas determinadas, sistemáticas y rigurosas”, dicen los fisioterapeutas de la Universidad de Alcalá. Primero masajean con las yemas de los dedos, con un movimiento circular y aplicando la presión justa.

Como dice uno de los gurús de la fisiología, Adalbert I. Kapandji, en sus cuadernos: “La mano proporciona a la corteza cerebral conocimiento del grosor y de la distancia de las cosas, es la educadora de la vista, lo que le permite controlar e interpretar informaciones”.

Pero esta interpretación exige, según el equipo de Alcalá, “un conocimiento profundo de anatomía, fisiología y patología, que no garantiza mover las manos hábilmente, sino saber por qué se mueven, qué mueven y qué producen cuando se mueven”. El efecto es inmediato, terapéutico, analgésico. Dada su extraordinaria capacidad de reparación, el músculo recupera su elasticidad y capacidad. Es el mejor premio que puede recibir un músculo o cualquier articulación después de un entrenamiento como modo de compensar su desgaste, y sirve también de desahogo para aquellos tejidos que han intervenido en el esfuerzo, como el corazón y los pulmones. Un masaje así es un clásico en la medicina. Fuera de él abunda, cada vez más, el intrusismo de terapias traídas de culturas que presentan como mejor aval su uso milenario.

Puede cualquiera aprender a utilizar sus manos con fines terapéuticos? ¿Es suficiente con saber acariciar, amasar, frotar o golpetear, según el caso y en el punto preciso? Uno de los centros que más esfuerzos ha hecho por resolver estas dudas es el Instituto para la Investigación del Tacto (Touch Research Institute), de la Universidad de Miami. Sus conclusiones son positivas, pero, como ellos mismos advierten, no definitivas. Uno de sus primeros estudios, en 1996, ya avanzó que la manipulación del cuerpo estimula el sistema inmunitario, según se comprobó en 29 enfermos de sida que recibieron un masaje diario de 45 minutos. Al cabo de un mes, la mayoría había experimentado un aumento en la actividad de las células NK –componentes importantes en la defensa inmunitaria– y menores niveles de estrés y ansiedad. Lo mismo ocurrió con otro grupo de pacientes de cáncer de pecho.

Sus investigadores han comprobado, por ejemplo, que con un masaje diario y aplicado del modo preciso los trabajadores mejoran su productividad; los enfermos quemados sienten menos dolor y picor; los enfermos sometidos a cirugía abdominal se recuperan más fácilmente; los bebés prematuros se desarrollan mejor; los niños asmáticos presentan niveles de cortisol más bajos y sufren menos ataques; los autistas mejoran el comportamiento; los pacientes con síndrome de estrés postraumático rebajan su ansiedad; y los jóvenes, más si viene acompañado de música, alivian su depresión.

Con un masaje, los bebés duermen mejor, lloran menos y sufren menos estrés, según un estudio de la Universidad de Warwick, en Reino Unido. Estos beneficios se acentúan en el caso de los prematuros, cuyo peso avanza más rápidamente y reciben el alta unos seis días antes que los que no disfrutan de un masaje diario. M. Paz García Sola, experta en Psicomotricidad y autora de ¿Te acaricio el alma?, lo llama la nutrición afectiva, “que tanto favorece el vínculo de apego y, de paso, su seguridad y confianza”.

PARA SEGUIR LEYENDO EL ARTÍCULO: http://www.quo.es/salud/la-ciencia-de-los-masajes

FUENTE: Revista Quo

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